Samantha
Llegamos a la casa a toda velocidad. La patrulla de policía estacionada frente a la entrada hace que Cristian apriete el volante con tanta fuerza que los nudillos se le ponen blancos. El aire está cargado de tensión, y mi pecho se siente pesado por la incertidumbre. ¿Qué demonios pudo haber pasado? Nos bajamos del coche apresurados.
—¿Qué está pasando? —pregunta Cristian mientras se dirige al oficial más cercano, con la voz cargada de preocupación.
Antes de que el oficial pueda respond