Cristian.
Al entrar a la veterinaria, comienzo a atender al gatito y a los dos cachorros. Todo es rápido; con el tiempo he aprendido a reconocer los síntomas y a saber qué tienen casi al instante. No es nada grave. Les receto unas vitaminas para estimular su apetito, y eso es todo.
Todo va bien hasta que veo entrar a un hombre con... ¡un cocodrilo! Les juro que no le tengo miedo a ningún animal, pero esto ya es demasiado.
—Amigo, los cocodrilos no están en mi lista. Lo siento, pero puedo recome