Samantha
—¡Levántate, Sam! —escucho que alguien me llama, y el tono es insistente.
—¡Es tarde, párate! —repiten con más fuerza.
Hago caso omiso. El sueño está demasiado bueno como para dejarlo. Me niego a abrir los ojos, quiero volver a ese sueño, a ese instante en que sentí esos labios. No vi quién era, pero su beso logró descontrolarme. Sin embargo, mi felicidad se desvanece cuando, de repente, siento agua fría cayendo sobre mí.
—¡Ah! —grito, incorporándome de golpe, completamente mojada. Esto