Los tres días se convirtieron en una cuenta regresiva insoportable. Cada minuto que pasaba, la conferencia se acercaba, y con ella la posibilidad de que todo estallara, intentaba estar calmada, pero me resultaba un poco difícil.
En la casa, Julián estaba más cariñoso que nunca. Desayunos preparados, flores en la mesa, promesas de viajes, sonrisas que intentaban suavizar el entorno.
—Necesito que estés radiante para la conferencia —decía con una sonrisa impecable—. Mi esposa debe brillar a mi la