— ¡Ares! — Grito su nombre con fuerza, me giro hacia él y hundo mi rostro en su abdomen.
Luego de divertirse un poco conmigo, endereza el carro y los caballos relinchan, siento como mis uñas se clavan sobre su piel.
—Tranquila, ya enderecé el carro—
—Prefiero no mirar— Contesto nerviosa y aterrada.
Luego de un largo viaje o al menos a mi así pareció, el carro aterriza con suavidad, cuando siento que se detiene por completo decido separar mi rostro del abdomen del Dios de la guerra.
—Ya llegamos