Capítulo veintiuno.
Los días pasaban en la cabaña, con Ethan e Ylva compartiendo tareas y momentos. Aunque ninguno de los dos sabía la verdadera naturaleza del otro, la atracción entre ellos se hacía cada vez más evidente.
Cada mañana, Ethan se levantaba temprano para preparar el desayuno. Ylva, aún medio dormida, bajaba las escaleras y lo encontraba en la cocina, su presencia llenando el aire con una sensación de calidez y seguridad.
—Buenos días, nevosa, dormilona —decía Ethan con una sonrisa, su voz suave desp