Capítulo veintidós.

Desde esa noche, Ylva comenzó a tener sueños intensos y recurrentes. Sueños que giraban en torno a un hermoso reino y sobre todo, a Ethan y su loba Luna. Estos sueños eran tan vívidos que, al despertar, sentía como si hubiera estado realmente allí, corriendo bajo la luz plateada de la luna.

A medida que pasaban los días, Ylva empezó a notar cambios en su cuerpo. Sentía un calor abrasador que surgía de la nada, su respiración se aceleraba y su pulso se descontrolaba cada vez que el aroma de Etha
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