Aldric corría a toda velocidad, su respiración controlada pero su mente ardiendo con frustración. Desde el momento en que recibió el mensaje de Katrina, dejó a su beta a cargo del problema en el mundo humano y partió sin titubeos. Pero el enojo seguía ahí, latiendo en su pecho con fuerza.
Maldecía el momento en que los renegados habían comenzado a causar caos. Siempre buscando destruir, siempre queriendo acabar con lo poco de paz que les quedaba, sólo porque ellos quieren ser los únicos Reyes e