Capitulo treinta y cuatro

Mientras Ethan y Ylva ayudaban a Elena en la cocina, la puerta de la casa se abrió, y los hermanos de la joven acababan de llegar. Al verla, una oleada de alegría y sorpresa iluminó sus rostros.

—¡Ylva! —gritó su hermano mayor, corriendo hacia ella.

En un instante, Federico la alcanzó y, sin dudarlo, la levantó del suelo, girándola en el aire. Los dos rieron juntos mientras él le daba vueltas y plantaba besos en su rostro, mostrando la intensidad de su alegría por verla nuevamente.

—¡Te extrañé
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