Capitulo dieciséis.
Pasaron algunos días y Ylva finalmente comenzó a despertar. Abrió los ojos lentamente, notando que se encontraba en una acogedora cabaña. Una intravenosa estaba conectada a su brazo, suministrándole líquidos. Antes de que pudiera reaccionar bien, sus fosas nasales fueron invadidas por un intenso aroma, desconocido, pero irresistiblemente atractivo, como un hechizo que la hacía sentir atraída hacia él, como una polilla a la llama.
El aroma la envolvió como una segunda piel. Era una mezcla embria