Ximena despertó en la penumbra de la habitación con una extraña sensación de vacío. La madrugada aún se colaba tímidamente por las cortinas, y a su lado no había rastro de Roberto. Aún envuelta en el recuerdo de la noche compartida, sintió un desconcierto silencioso que la invadió, como si el tiempo se hubiese detenido en un instante de incertidumbre. Mientras se desperezaba, tratando de recomponer sus pensamientos, una voz suave y algo entrecortada en inglés la sorprendió. «Good morning. I am