Ximena dejó el salón comedor con Junior de la mano, intentando despejarse de las palabras de Julia que aún zumbaban en su cabeza como un mal presagio. El aire cálido de Río de Janeiro envolvía los amplios jardines de la casa, y la brisa marina llegaba suave, cargada de sal y sol mientras el sol brillaba en lo alto encegueciéndolos. —Mami, ¡mira! —exclamó Junior con contagioso entusiasmo, señalando una mariposa azul que revoloteaba entre las flores. Su risa infantil fue un bálsamo para los pensa