El estacionamiento del hospital era un lugar frío y solitario, con un silencio que se instalaba pesado entre las paredes grises. Ximena había logrado colocar a Junior en el auto sin mayores problemas. El niño seguía jugueteando con sus dinosaurios de plástico, completamente ajeno a la tensión que había envuelto su madre durante esos últimos minutos. El pequeño, en ese momento absorto en su propio mundo, movía a los dinosaurios como si fueran los personajes de una aventura interminable. Ximena s