Empujó la camilla él mismo mientras seguía gritando órdenes. Los pasillos parecían interminables, el sonido del monitor mezclándose con el golpeteo de sus propios latidos. Cada segundo contaba. Cada segundo podía significar perderla. Cuando entraron al quirófano, Nathan alzó la voz con la autoridad de quien manda una guerra. —¡Quiero a neonatología lista para recibir al bebé! ¡Preparen incubadora, ventilación! ¡Anestesia general, rápido! Los miembros del equipo se movieron como un engranaje per