La noche pasó sin problemas, Pam y Lulú se despidieron, cenamos comida recalentada y luego cada uno se fue a dormir. Yo me masturbé furiosamente pensando en los labios de Pam aunque la imagen de mi "casi" hija se me atravesaba en la cabeza, hasta el punto de que mi dolorosa erección estalló en una explosión de leche salpicando todo el espejo del baño. Pero al menos, ya no tuve ningún sueño raro. Los días fueron pasando y las cosas fueron masomenos las mismas. Con mi "hija" fuimos a hacernos la