5. ¿SECUESTRADA?
—¡Eres un maldito imbécil, te odiooo! —le gritó Kayla, enfurecida. Aunque estaba más molesta con ella misma por dejarse vencer por el deseo. Pero ella tenía su temperamento y aquel hombre, con su atropello, la había llevado al límite. Lo odiaba, pues la excitaba, incluso contra su voluntad.
Para su completo fastidio, el hombre largó una carcajada, echó su cabeza hacia atrás y luego, aún con la sonrisa en sus ojos, la miró.
—Honestamente, preciosa Kayla, pensé que te ibas a resistir más a mis en