Un café entre palabras y silencios
Alondra terminó de ayudar a una de las vacas a parir, asegurándose de que la cría estuviera sana y estable. Luego pasó horas alimentando al resto del ganado, revisando que todo estuviera en orden, hasta que el cansancio comenzó a pesarle en los hombros y en los pies. Sus manos olían a heno y tierra, su camisa estaba húmeda de sudor, y sus botas cubiertas de polvo. Decidió que ya era suficiente por ese día.
Después de un baño rápido, se cambió con ropa limpia