Aún estaba aturdido por la información que me dio el investigador.
Tomamos la comida todos juntos como una familia como si nunca se hubiesen ido.
Traté de relajarme, pero no podía dejar de pensar en que fui un idiota, un imbécil y que actué de la peor forma que pude haber actuado, cegado por los celos, me negué a creerle a ella, a la mujer que amaba.
—¿Pasa algo? —preguntó Ana.
—No, estoy bien —respondí, ella sonrió de medio lado y señaló a Caroline.
—Las oportunidades hay que aprovecharlas.
Le