Un año después.
Cenábamos solos frente al mar, en una isla del caribe, las luces se apagaron, miré a los lados, busqué tomar su mano, ella soltó un pequeño grito, apretó con fuerzas mi mano.
—Aquí estoy, mi amor —dije, abrí la pequeña caja que tenía en mi mano, debajo de la gran piedra se escondía una luz led que la iluminaba, miró atenta, me eché a reír.
—Romeo.
—¿Quieres ser mi esposa, Caroline?
Me soltó, se llevó ambas manos a la boca, me eché al piso de rodillas frente a ella.
—Sí, sí quier