No podía darme por vencido.
Ella era la mujer de mi vida, cegado y dominado por inseguridades, cometí el error de dejarla ir, no confíe en ella, me dejé vencer por el dolor y la tristeza de creer en las mentiras que Viridiana fabricó para mí.
Llegué a casa de mis padres, se alegraron de verme, mi madre me abrazo sonriente, casi con lágrimas en los ojos, mi padre me sonrió.
—Bienvenido, hijo, como siempre.
—Vine solo a dejar en claro algunas cosas: Caroline y sus hermanos están bajo mi protecció