Los niños fueron los más felices con la noticia, en especial Lucy, quien había estado extrañando más a Ximena y a la casa. Los tres corrían alrededor de la piscina entre risas y juegos.
Ana se acercó a mí con una sonrisa que le cubría todo el rostro, alzó las cejas y se afincó en mis brazos.
—Ya está lista tu habitación y la de los niños, qué felicidad que vuelvan, esta casa no ha sido lo mismo sin ustedes, se siente una tristeza y una soledad infinita por todos los rincones.
—Gracias, Ana. Tam