Mason entró a despacho, estaba serio, sonreía tenso, y pensé que quizás estaba a punto de darme un consejo que no quería escuchar.
—¿Cómo estuvo el viaje?
—Genial, me alegra saber que ya nos iremos para no regresar, traje todos los documentos.
—Bien.
Chasqueó la lengua.
—Romeo, tenemos que hablar sobre Viridiana —comenzó sin rodeos.
Me eché hacia atrás, sorprendido.
—¿Viridiana? ¿Por qué insistes con eso?, ya te dije, no pasa nada. Ya todo se arregló con ella.
—Lo sé, eso dijiste —respondió.
—¿E