Un hombre y una chica me lavaron el cabello y me lo hidrataron, me lo pintaron, estaba nerviosa, nunca me había pintado el cabello, me sentía como en una película de princesa, el cambio no sería radical, solo le darían vida a mi cabello con un tono de color parecido a mi tono natural.
Ana entró, metió un par de cajas y las dejó sobre la mesa, sonreía contenta.
—En la caja pequeña hay maquillaje y en la grande ropa, ay, qué emoción —dijo.
Sentí vergüenza, no sabía que iba a pensar de todo aquello