Capítulo Veintiuno.
Juliana De Voncelli.
La noche en el bar y atender a los hombres del pueblo se convirtió en un total desafío para mí.
Cada pedido es un asco de trato que ellos me dan como mujer que soy, me dicen expresiones muy indecentes y no propias de decirle a una mujer, otros intentan sobrepasarse en querer tocarme y poseer tal como una presa para un león hambriento.
La mujer del bar sentada en la caja registradora se reía de la incomodidad que el trabajo me produce, con su típico mal humor de mujer perve