Elena Voncelli.
Él me atacó, me hirió de nuevo, solté un quejido de dolor al adentrarse la bala en mi cadera.
Lo miré con los ojos fuera sí, él se reía.
—Te mataré, maldito perro de mierda. —zanjé con la voz apretada.
—No podrás, niña estúpida.—se acerca a mí y apunta su arma en mi frente. —Eres una Voncelli, una nadie en la vida. —añade él con la voz dura.
Sin él darse cuenta, le enterré el cuchillo en su abdomen, soltó una maldición.
Bajó su mano con el arma, moví mi mano con el cuchillo de