Capítulo Veintiocho.
Juliana De Voncelli.
Ya nada me detenía estar aquí, no había razón alguna, ni el por qué estarlo.
Iré por mi hija, por mi Elena, a cuidar su corazón.
Lo único que en ésta vida me queda.
Me ahogué en la noche en mi pena, me entregué al luto en cuerpo, alma y espíritu. Francesco Voncelli fue un gran hombre, a su lado me demostró que sí existe el amor, que sí está la felicidad y la paz, con él lo conseguí todo.
Dejarlo ir de mi lado no es fácil, es un hecho inaceptable, es injusto lo que le hici