Capítulo Once.
Roberto Ramírez.
Estar al lado de mi coneja es tocar cielo, es hablar con Dios.
La muy condenada me da en el punto en el que quiero, me deja ser toda una bestia, le agrada lo salvaje y duro que puedo serlo.
La edad no me complica a nada, no hay mal que por mí no venga, ni nada que una pastilla no cure.
La aspirina del placer.
Y soy prueba de ello.
Le doy con dureza por detrás, tomándola del pelo, y dándole nalgadas, gruño por la excitación, la coneja gime con placer y pide más.
Le encanta que