Bastián
Estaba agotado.
El cuerpo me pesaba como si llevara días arrastrándolo por el infierno. Y en cierta forma, así era. No dormía bien desde hacía una semana, desde aquella noche en que todo se arruino, pero esta noche era diferente. Esta noche, además de estar destruido por dentro, también sabía que había cruzado líneas que no debí cruzar.
Dejé que mi cabeza cayera sobre la cama sin resistencia. Las lágrimas rodaban, silenciosas, obstinadas, traicioneras. No quería llorar. No me lo permití