Eliza
Mi mente no estaba donde tenía que estar. Me sentía rara, desconectada, con una lista kilométrica de tareas pendientes, pero ahí estaba; sentada en mi mesa, con los ojos desenfocados y la cabeza en las nubes.
O más bien, en el señor Müller.
No podía dejar de pensar en él. En su aroma, en su tacto, en su cuerpo junto al mío. En cómo se había sentido tenerlo así, tan cerca. El calor entre nosotros había sido abrasador. Y eso... solo había sido el principio.
Sin temor a equivocarme, podía af