Eliza
Me desperté con una sensación extraña, como si el mundo a mi alrededor se hubiera ralentizado. El aire olía a él. A piel caliente, a deseo evaporado en sábanas revueltas. Sentí el peso cálido y firme de un cuerpo sobre el mío, una pierna entrelazada con la mía, un brazo fuerte rodeando mi cintura. Por un momento, mi mente, todavía atrapada entre el sueño y la vigilia, no comprendía qué estaba pasando.
Y entonces, como un torrente que arrasa con todo a su paso, la memoria de la noche anter