Eliza
La noche se había desbordado con la energía de la multitud. El bar, ruidoso y abarrotado, vibraba al ritmo de la música de fondo, mientras las luces de neón parpadeaban en tonos violetas y azules. Me acomodé en una mesa alta, sentándome de forma relajada, casi como si buscara el confort de un refugio en medio del caos. Sorbí el Martini, dejando que el frío líquido se deslizara por mi garganta. Mi tacón, en un impulso casi involuntario, comenzó a marcar el ritmo de una versión de una canci