El rugido amortiguado del helicóptero privado de Kael rompió la quietud opresiva de la mañana en el skyline de la ciudad, un sonido que anunciaba su regreso, no como los fugitivos heridos de la noche anterior, sino como los dueños de la verdad y los herederos legítimos de Orion Corp. Aterrizaron en el helipuerto de la sede central de la empresa, a solo unos minutos a pie de la mansión, el reloj biológico de 24 horas marcando el último segmento de tiempo antes de la fatídica reunión de la junta