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La noche llegó demasiado rápido. Valentina había pasado la tarde revisando una y otra vez los documentos que Alexander había dejado sobre la mesa: el testamento de su madre, los movimientos de la fundación y los registros de empresas que parecían existir solo en el papel. Cada dato era una pieza de un rompecabezas que todavía no lograba encajar, y lo peor era que sentía que a cada pista que hallaba, más lejos estaba de la verdad completa.
A las ocho en punto, Alexander entró en la biblio