La noche había caído sobre la mansión con un peso insoportable. Valentina permanecía despierta en su habitación, recostada en la cama pero incapaz de cerrar los ojos. El reloj marcaba las dos, luego las dos y media, y cada vez que intentaba dormir, la imagen regresaba: esas fotografías, perfectamente ordenadas en un cajón, que narraban tres años de su vida como si ella hubiera sido un experimento bajo observación constante.
Era imposible no sentir el corazón desgarrado entre la rabia y la fasci