Lloro y tiemblo al mirar mi nombre plasmado en las puertas de vidrio. Toda mi vida soñé con algo como esto, pero verlo hecho realidad es otra cosa diferente. Me doy la vuelta y me lanzo a los brazos del hombre que amo. Hundo la cara en su pecho y rompo a llorar con emoción.
Se separa de mí y mete sus dedos debajo de mi barbilla para obligarme a que lo mire a los ojos.
―¿Qué está mal, nena? ―pregunta preocupado. Desliza las yemas de sus pulgares por debajo de mis ojos para secar las lágrimas de