Ángela me m mira con incredulidad.
―¿Estás escuchando la tontería que acabas de decir? ―se acerca y ahueca mi cara entres sus manos―. ¿Acaso no puedes ver lo que otro si podemos?
¿Por qué razón podemos opinar sobre los sentimientos de otros, pero no sobre los nuestros?
―No tengo nada de especial ―niego con la cabeza―. En cambio, él es todo lo contrario ―insisto con lo mismo―. ¿No lo ves? Parece un maldito modelo de revista ―gimo, desesperada―. Es guapo, inteligente, carismático, maravilloso,