Treinta y tres

KYRION

—Puedo pedir otra, si quieres.

—No. Y mucho menos si esperas que solo por invitarme a almorzar voy a terminar en tu cama.

Me río amplio esta vez.

—Ya te dije que te quiero, Gema, y por eso estamos aquí.

—No vas a comer. ¿Podemos irnos?

Asiento. Pido dos ensaladas para llevar. Ella me espera en la salida. Caminamos en silencio, hasta que decide romperlo.

—Yo… tengo algo que hacer. ¿Puedes llevarme a la oficina las ensaladas?

—Por supuesto.

No hago preguntas. La acompaño a abordar un taxi. Luego, voy a la empresa. Ahí dejo las ensaladas. Me siento. El impulso de llamar y que me digan dónde y con quién está, me domina. Pero lo controlo. Juego con el teléfono en mis manos.

Desde la oficina veo a sus padres. Ellos no notan que estoy. Muevo el mouse del portátil, veo lo que dice su pantalla y sonrío.

Subo los pies al escritorio y uso mi teléfono para trabajar desde ahí. Winston se justifica diciendo que fingió no saber nada, para que ella tuviera que buscarme. Una hazaña que le hubie
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