Isla yacía en la cama del hospital, con la respiración corta e irregular, los dedos aferrados con fuerza a las sábanas. Su corazón latía con tanta fuerza contra sus costillas que parecía querer escapar, cada segundo que pasaba la hacía sentir más inútil. No importaba cuántas veces las enfermeras le pedían suavemente que se quedara quieta, su cuerpo se negaba a calmarse. El pánico le arañaba la garganta en oleadas ásperas.
Mantenía una mano temblorosa sobre su estómago. Si algo le ocurría a su b