Hanna, estaba lista y su madre la observaba con mucho orgullo, había decidido no acompañarla porque se sentía débil, ya las quimios estaban comenzando a hacer efecto en su cuerpo y aunque ella quería mantenerse como un roble, no podía luchar contra la corriente.
Esa tarde, Hanna llegó muy temprano a casa, quería tener tiempo para alistarse con calma y compartir un rato con su madre, por el trajín del trabajo que traía encima, no había podido compartir tanto con ella como quería. Para su sorpres