... En la mañana Lidia me estaba empujando. Creó que no disfruto mucho el dormir conmigo.
— ¿Qué haces aquí?
— Es mi habitación querida fénix.
— ¿Y por qué me trajiste? — Le mostré el anillo de bodas. Ella hizo un gesto de disgusto.
— No es un matrimonio de verdad.
— Yo creo que cuando el matrimonio se consuma es muy real.
— No me acuerdo de esa noche. Y tampoco me interesa recordar.
— Deberías. Quizás si recuerdas se te antoje repetir.
— Eres un idiota.
— Un idiota que te a