Durante la noche soñé con ese beso que nos dimos. Y cómo escuchaba un te amo de sus labios. Por alguna razón me alegro, amanecí contento.
... Los días a su lado se convirtieron en meses. Gerardo ya me decía papá y eso no me incomodaba. Por el contrario, sentía que entre ella y yo se estaba formando un vínculo.
Aunque no sabía que era lo que sentía ella por mi. A veces parecía quererme, otras veces parecía darle igual lo que yo hiciera, y en otras ocasiones la notaba celosa.
Mujeres, nadie es capaz de comprenderlas. Creó que ni ellas mismas se entienden.
Hubo una reunión familiar. Mi madre se puso más contenta por ver a Gerardo que por verme a mi.
— Mi nieto precioso. Mírate. Ya casi eres tan alto como tú papá. — Literalmente lo trataba cómo si el niño tuviera mi sangre. Ella piensa que es hijo de Celeste, igual que todo mundo, Pero jamás me ha reprochado el casarme con una madre soltera. Al contrario. Siempre le pide a mi hijo que la llame abuela.
— ¿Dulces? — A ese pequ