Emmett.
Llegó el día que no quería, mi primera cita de conciliación, no pude convencer a Lidia de cancelarla.
Llegué tarde, ella no se mostró molesta, algo raro. Ya que en los últimos días apenas me ha dirigido la palabra.
— Señor Emmett. ¿Usted se quiere divorciar?
— No. — Respondí firme. — Yo amo a mi esposa. Quiero arreglar las cosas con ella. — La voltee a ver, ella parecía perdida en su propio mundo.
- ¿Y ustedes señora Lidia?
— Yo... — Ella basilo unos minutos. — No señor juez. No me quiero divorciar. — Mis ojos se abrieron de par en par.
— Siendo así, creó que no tengo más que hacer aquí. Con permiso. — Nos dejó solos. Yo estaba atónito, feliz, sorprendido y con muchas dudas en mi cabeza.
— ¿Por qué...?
— Recordé algunas cosas. Se qué no me obligaste a casarme contigo. — Dijo antes de que yo pudiera siquiera terminar mi pregunta. — Y creó que tampoco me obligaste a tener intimidad.
— No lo hice. Te lo juro.
— Quiero entender por qué me casé contigo. Y cr