Habían pasado dos días y Sofía seguía atrapada en la habitación, rodeada de un silencio que parecía aplastarla. Su estómago rugía con furia; no había probado alimento en todo ese tiempo, y cada pinchazo era un recordatorio cruel de su debilidad. Se sentía al borde del desfallecimiento, mientras la crueldad de Brian se hacía más insoportable con cada minuto que pasaba.
Desesperada, buscó las tijeras y se inclinó sobre la cerradura, intentando abrirla con manos temblorosas. Por más que lo intenta