Capitulo 11

María cerró los ojos y permitió que el abrazo de Enrique la envolviera por unos segundos más de lo estrictamente necesario. Era un abrazo que cargaba el peso de la gratitud, pero para él, significaba mucho más. Enrique sintió un vuelco en el corazón; aquel contacto físico alimentó una chispa de esperanza que creía perdida. Se hizo una promesa silenciosa mientras la veía: si ella lograba cruzar los muros de la prisión y ser libre, él dedicaría cada día de su vida a hacer que se enamorara de él, sin importar el tiempo o el esfuerzo que le costara.

Cuando María regresó a su celda, sus pasos eran ligeros, casi como si flotara. Su felicidad era tan evidente que iluminaba el lúgubre pasillo de concreto. Sus amigas, Alexandra y Juliana, la recibieron con miradas de asombro.

—Vaya, miren esa felicidad —comentó Alexandra con una sonrisa de lado—. Nunca te había visto sonreír así, María. Parece que traes el sol en la cara.

—¿Acaso todo eso tiene que ver con la visita del guapo abogado? —int
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