—¿Adónde vamos? — Susurró mientras salíamos del salón.
—Es una sorpresa.
—¿Me llevas a un rincón oscuro para salirte con la tuya? Vaya pecas, no sabía que lo llevabas dentro—. Le di un codazo en las costillas.
—Saca tu mente de la cuneta pervertido—. Me reí.
—No es culpa mía lo que parece—. Bromeó, apretando con más fuerza su mano mientras bajábamos las escaleras hacia la sala de juegos.
Cuanto más nos acercábamos, más nerviosa me ponía. Realmente esperaba que le gustara este regalo y que no le