—¿Estás bien?
Al ver a Alex tumbado de espaldas mirándome, se me movieron los labios.
—Me empujaste de la cama.
—No quisiste levantarte para esconderte.
—¿Así que empujarme de la cama era la única otra opción? —. Me encogí de hombros sonriendo.
—Tuvimos suerte de que no te viera. Puede que le gustes, pero no le gustaría que durmieras en la misma cama que su hermana—. señalé.
—Esa mierda dolió—. Murmuró poniéndose en pie.
—Lo siento. — En realidad lo decía en serio, aunque fuera un poco gracioso