—Gracias Ava. No sabía a quién llamar y vi tu nombre—. murmuré.
—Cristal puedes llamarme cuando quieras. Siempre estaré aquí.
—Gracias. — Respiré, esperando que pudiera darse cuenta de lo agradecida que estaba de que estuviera aquí para mí y de que contestara al teléfono.
—Cuando quieras cariño.
Después de despedirnos me sentí mejor. Que alguien como Ava me dijera que las cosas irían bien parecía aliviarme un poco.
Al darme cuenta de que llevaba aquí sentada hora y media decidí que era mejor qu