Estaba tan cómoda que podría haberme quedado dormida, pero cada pocos minutos Alex me pasaba la mano por la cadera. La primera vez que lo hizo, tuve que hacer todo lo posible para no sobresaltarme. Ni siquiera me estaba tocando la piel, pero sentía como si la mía estuviera ardiendo.
Tampoco tenía nada de sexual. Era tan reconfortante que no quería que parara. Era una locura que sintiera más con ese pequeño contacto que con Mitch. Ni siquiera cuando me besaba me sentía así.
Nunca quise que esto