Pasamos mucho tiempo abrazados, allí, en la acera, a una manzana del bar. Después del desahogo, mis sollozos comenzaron a disminuir y me quedé sin fuerzas. Raven me sostuvo con ternura, acariciando suavemente mi espalda mientras me calmaba. El silencio se hizo presente, solo interrumpido por el sonido de nuestros latidos acelerados. Su calor me reconfortaba, me sentía protegida en sus brazos.
Finalmente, levanté la mirada hacia él, mis ojos estaban enrojecidos y llenos de tristeza. Él me miraba