Disfrutaba de una tranquila tarde en casa con Nash. Habíamos estado compartiendo risas y charlas relajadas, sumergidos en el calor reconfortante de nuestra casa. Mis oídos captaron un sonido inesperado que rompió la armonía que habíamos creado. El timbre de la entrada principal sonaba enérgicamente. Con curiosidad, me levanté del mullido sofá, sintiendo cómo mi corazón latía un poco más rápido de lo normal, como si estuviera anticipando algo inusual.
Al abrir la puerta, mis ojos se encontraron